El delirio frenético recuerda lo que el cuerpo ya pronunció.
Y si no nombro el cuerpo no podré alimentar el idilio,
no podré hilvanar la fantasía en las manos del loco.
Esquivar el balanceo ligero del alma desnuda y la piel interna
para retorcerme entre los fantasmas que estuvieron aquí.
A veces miento hasta que la herida se perfila tan clara como la dulzura arrancada de cuajo,
y luego me olvido de que existe esa marca gravada.
La ficción ensordece la realidad, se clava en el espacio, se inyecta.
Distorsiones que combustionan y me muerden el sueño.
Y la certeza anida en el lugar donde mis venas bebieron de un elixir amargo.
Y mi trágica verdad yace asediada en las manos de ese loco.
















